Centro Insular de Entidades de Voluntariado C/ JUAN RUMEU GARCÍA Nº 28, 38008 Santa Cruz de Tenerife
Testimonios
Desde hace 6 años soy voluntaria en hospital del servicio de carrito en Hospital de Día. Me animé a colaborar al tener más tiempo libre, al sentirme joven con ganas de hacer cosas diferentes de las que había hecho
Me motivó a participar saber que mi experiencia podía ayudar a otras personas y también, devolver la ayuda que me habían ofrecido
El voluntariado me aporta tranquilidad. Me produce mucho bienestar, el hecho de saber que estoy ayudando y una sonrisa.
Ser voluntaria me ha enriquecido como persona, soy más tolerante. He aprendido a apreciar más una sonrisa y un gracias, los pequeños momentos. Y ver esas sonrisas, cuando le ofreces café y puedes hacer más llevadero el tiempo durante el tratamiento de quimioterapia
¡He conocido gente maravillosa¡
Llegué al voluntariado porque desde que era joven quería ser misionera. Siento mucha compasión por las personas más desfavorecidas; una de las cosas que tenemos que tener en cuenta con las personas que sufren y tienen hambre
La labor que llevo a cabo en mi voluntariado es organizar actos benéficos, como almuerzos y cenas, para solicitar dinero y así ayudar a quienes lo necesitan.
Ser voluntaria me da mucha paz y felicidad. Hay que hacer algo por los que necesitan de nuestra ayuda, económicamente o acompañandoles porque hay mucha soledad y en ocasiones los familiares no pueden ayudar.
En mi caso concreto, tuve una intervención que me dejó secuelas que derivaron en discapacidad. A partir de ahí me di cuenta de todo aquello que se pierde cuando se tiene discapacidad, las actividades del día a día. Es por eso que lucho por lo que cambia al estar en esta condición, poniéndole voz a los que no tienen voz
Mi labor principal como voluntario en CoordiCanarias, sobre todo, es poner en la mesa el valor que tiene la discapacidad y cubrir unos déficits que tiene nuestro colectivo.
El beneficio que me brinda el voluntariado, cuándo se está jubilado, es que la persona con discapacidad mantenga una actividad mental que le ayude a resolver el déficit físico que tiene. Tiene más valor lo que se recibe que lo que la persona aporta. Me siento enormemente gratificado al ser voluntario.
Trataré de sintetizar el por qué estoy de voluntario en una ONG, en este caso la Asociación de Cuidadoras, Familiares y Amigos de Personas con Alzheimer y otras Demencias de Tenerife ACUFADE.
Llevo seis años y medio con paraplejia de cintura para abajo por una enfermedad y eso fue lo que me hizo reaccionar porque si hay caídas, también tenemos que levantarnos, ponernos en pie y continuar. Yo aprendí mucho de toda la enfermedad, que me ha dejado en silla de ruedas.
Ahora soy feliz y resiliente, más aún, si cabe. Me han ayudado muchísimas personas que han estado y siguen ahí; y de alguna forma tengo que devolver de corazón, todo ese cariño y ayuda que me han dado y que llevo conmigo.
Por las razones anteriormente expuestas y por otras más, quería colaborar en algún sitio que me permitiera corresponder con ese agradecimiento infinito y donde mejor encontré, o donde me sentí más a gusto, fue en ACUFADE. Esta asociación me da la posibilidad de reforzar mi compromiso con otras personas. La empatía mía hacia los demás queda fuera de toda duda y seguro que me reforzará para ser mejor persona.
Después que estoy en mi voluntariado, ha mejorado muchísimo mi manera de enfocar la vida. Tratando desde esta ONG de apoyar e interactuar con los demás, verme y sentirme que soy capaz de estar ahí ayudando a otras personas.
Tenemos que dedicarle un tiempo, que es pura adrenalina de felicidad, ayudando a los demás, para que se sientan útiles y no tengan sensación de estar solos, todo esto lo conseguiremos mediante proyectos capaces de motivarles.
Espero de alguna manera estar a la altura de las circunstancias y saber corresponder, y como no podía ser de otra manera, dar las gracias a ACUFADE, por darme la oportunidad de ser feliz sirviendo a los demás.
En el 2003 después de haberme diagnosticado cáncer de mama, necesité la ayuda de psicólogos y fue cuando conocí la labor de la Asociación Española contra el Cáncer AECC. Una vez recuperada, decidí que yo también podía ayudar como voluntaria.
Desde el 2005 soy voluntaria en las mesas: día de la cuestación, dar información, día del voluntariado, día mundial contra el cáncer, día contra el cáncer de mama, venta de camisetas para las carreras solidarias, venta de la lotería nacional “Todos contra el cáncer”, etc.
Tenemos una sede en La laguna compuesta por 18 voluntarios donde nos reunimos y organizamos algunos eventos para recaudar fondos, entre ellos celebración de meriendas solidarias, conciertos, etc. Todo lo recaudado se dona a la AECC.
Ser voluntaria me da mucha satisfacción, porque ves que hay mucha gente que necesita simplemente que las escuches, o que demandan información. Con el voluntariado estoy más activa, es un aliciente para salir y ayudar a otros, he conocido a muchas personas y también he ayudado personalmente a mucha gente.
Veo las cosas más positivamente, después de hacerme voluntaria. Orgullosa de pertenecer al grupo "voluntarias de La Laguna" de la AECC.
Por la edad que tengo, 82 años, vi en el entorno, desde niño, necesidades. Me encontraba en Granada colas de gente esperando a que se abriera un lateral del convento con perolas de comida para poder alcanzar un cucharón y muchas veces no llegaba. Había gente que se estaba varios días sin poder comer. Mis amigos lo pasaban mal, yo tuve suerte de que mi padre tenía un empleo. Un día le pregunté a mi madre si venía a comer gente a casa porque había una perola de comida y mi madre me dijo: “Si, hay gente que viene a comer”.
Ya en Tenerife, en Ofra, también realicé voluntariado encontrándome más o menos la misma situación. No se me olvida el desahucio de una mujer con 3 hijos del sur de Tenerife. En mi infancia, mi hermano y yo llegábamos del colegio, soltamos la maleta y el bocadillo que íbamos a comer para merendar lo compartimos entre diez.
Por mediación de otro compañero que estaba en la administración de Cáritas llegué a la entidad, pudiendo en dicho puesto realizar muchas funciones. Durante bastante tiempo colaboré en puestos de administración de la entidad.
El voluntariado me proporciona la satisfacción del deber cumplido, porque como cristiano, me veo obligado a atender a la persona que no tiene nada. Dormía pocas horas, pero con la conciencia tranquila.
Conozco Cruz Roja desde niño, cuando viví por dos años en Madrid. Allí participé en la recogida de fondos y poniendo la banderita a los donantes, en mi país participe en varias oportunidades en la recolección de enseres y alimentos para calamidades en otras partes del mundo. Sin embargo, nunca pertenecí a la institución, fue aquí en la isla, cuando me acerqué para solicitar ayuda para la búsqueda de empleo, cuando me ofrecieron la opción de hacer voluntariado y empecé a conocer la institución. Para esto fue fundamental el curso de “Formación Básica Institucional” que realicé online, donde de una manera sencilla y amena te dan un recorrido por la historia de la institución, resaltan los principios que la rigen y se informa sobre la estructura organizacional de la misma. Todavía sigo conociéndola, ya que su ámbito de acción es tan amplio y dinámico que requiere mucho más tiempo para llegar a conocerla, pero lo que conozco hasta ahora me gusta.
En mi familia siempre hemos tenido una vocación de servicio social muy arraigada, desde niño me enseñaron el valor de la solidaridad, lo que se refuerza por mi creencia en la palabra de Jesús, donde el amor debe estar siempre presente en nuestros actos. Al acercarme a la Asamblea de Cruz Roja de Chío, y ver la labor social que se desarrollaba en ese momento (entrega de alimentos, ropa, asesoría legal), el ofrecimiento de hacerme voluntario por parte del empleado que atendió mi solicitud y la necesidad de ocupar mi tiempo ocioso en algo importante y gratificante me motivaron a ello.
Mi motivación se hace mayor cada día, cuando puedes ver la acción social que desarrollamos a diario y el agradecimiento de las personas usuarias, le da un valor incalculable a tu yo, donde sin darte cuenta, el espíritu se te engrandece y ves renacer la esperanza cada día.
Por lo general dedico las mañanas a la Cruz Roja, ya que las tardes son para mi familia. En la Asamblea después de un saludo a las personas presentes (empleados y voluntarios) y tomar un cafecito si están en eso, comienza mi actividad al frente del ordenador, abrir el archivo de “Citas de intervención”, el de “Recibo de donación” y todos aquellos necesarios para el registro de las actividades. Asimismo, en ocasiones me puede tocar ir a buscar los alimentos a un supermercado, si es necesario llevar algo a la Asamblea de Adeje lo hago, apoyar la descarga de alimentos y su organización en el almacén, apoyar en la entrega de alimentos, elaborar e imprimir los recibos de entrega de alimentos y hacerlos firmar por las personas usuarias, así como recibirles, también atender el teléfono, registrar y dar información a las personas usuarias, en relación a las citas de Intervención Social.
El resultado de mi voluntariado lo vivo a diario, es gratificante el recibir un “muchas gracias, que Dios se lo pagué” en nombre de la institución, ya que en ese momento somos la cara visible de Cruz Roja, este mensaje se hace más importante cuando lo recibes presencial, ya que la sonrisa y la cara de las personas dicen mucho más que las palabras. De lo que se hace en la Asamblea conozco las generalidades, lo que más conozco son los proyectos de Intervención Social, que es donde me desempeño.
Lo mío, fue una cuestión de genes. Mi madre, desde joven, en la Cruz Roja y mi padre, de él sólo lo supe a la apertura pública de los documentos relacionados con la masonería en Tenerife, como voluntario, enseñando alfabetización a personas sin recursos.
De modo que, cuando empecé en esto del voluntariado, mi interior me decía que, al margen de intenciones personales, de frases hechas como que “se recibe más de lo que se da” y demás, debía existir algo en el concepto de humano que nos obligaba, moralmente, a apoyar a los que lo necesiten. Y así llegué a un compromiso ético que me ha llevado por varias labores solidarias, aunque a la que más tiempo y esfuerzo he dedicado es a la Asociación Española Contra el Cáncer, hasta el extremo de, hoy en día, sentirme parte de ella.
Mi mejor amiga acababa de morir de cáncer y ¿qué mejor homenaje a los que amamos y hemos perdido que, como dicen en una tribu de nativos americanos “empezar a hacer lo correcto, a seguir el camino de una nueva vida y propósitos que burbujean desde el interior de nuestra alma”?. Y, como de eso, hace ya casi 30 años, me siento voluntaria de hospitales de la Asociación Española Contra el Cáncer con y sin bata… incluso, mi comportamiento personal se rige por unos principios que, al igual que hacen los árboles, han ido creando unas raíces, tan firmes, que son ya, parte de mi yo.
Me gusta publicitar lo que hacemos, eligiendo el tiempo, el lugar, la mejor forma, me gusta que después de tantos años se me vea como una representación de lo que hace el voluntariado y me gusta llevarlo con el mismo entusiasmo ahora, que ya soy una persona mayor, que cuando comencé. En aquél entonces puede que soportase mucha energía juvenil pero ahora esta fuerza de la experiencia que me acompaña, puede con todo. Y, además, con mejor humor porque, con los años, aprendemos a priorizar lo que es importante y a ignorar las bobadas.
Y sigo siendo una suertuda. Esta semana, sin ir más lejos, en un hospital público, una persona desconocida me dijo bajito, al cruzarnos en un pasillo, “Que dios te bendiga”. Yo se lo agradecí con la sonrisa de mis ojos (¡condenada mascarilla!) pero me sentí plena, porque al margen de creencias, la frase es una alabanza al trabajo que realizamos, con entusiasmo y cariño en un territorio difícil, pero en el que aprendes a no tener miedo, a sentirte valiente y capaz de poder con cualquier obstáculo que el destino traiga. Sobre todo, porque hacemos lo correcto y eso, a cualquier edad, es bueno.
“Las personas no somos mercancía”
Los saharauis hemos emigrado porque nos ha tocado la parte más negativa de la vida: que te cambie tu destino de un día a otro. El mejor ejemplo lo tenemos en La Palma: la casa de tu vida, de la noche a la mañana, está arrasada y terminas en la calle.
Echo de menos a muchas personas que quiero, familiares y amigos, una generación que ha vivido conmigo toda mi vida, una vida que hemos tenido que dejar atrás porque ya no puedes tener ese espacio ni ese momento.
Uno de los principales retos que he tenido que superar es tener que traer a mis hijos para que comiencen una nueva vida y que toda la responsabilidad haya caído sobre mí estando su padre en un campamento de refugiados. Mi día a día es trabajar por la mañana en la ONG, aportando a las personas mi experiencia como migrante, porque entiendo lo que han vivido y por eso intento darles seguridad e información fiable.
No puedo pensar en quedarme en Canarias toda la vida porque eso sería egoísta. Mi proyecto es vivir en el Sahara libre. Esa es mi esperanza, y ojalá sea libre…
Sukeina es intérprete de árabe y francés, presidenta de la Asociación por la Libertad del Pueblo Saharaui, representante de las Mujeres Saharauis en Tenerife y en Canarias, coordinadora de la Asociación de las Mujeres Africanas en Tenerife, Integrante del Consejo de Igualdad de Adeje, Fundadora del grupo contra violencia de género a petición de la Subdelegación del Gobierno Canario, perteneciente a la red de migrantes de Tenerife…
Ayudamos porque queremos que las personas sean felices y creemos que la mejor forma de conseguirlo es ofrecerles nuestra experiencia. Nos dedicamos a la prevención así que nuestro ámbito de actuación es toda la población. Eso nos ayuda a estar alerta siempre, pendientes de lo que necesitan, y eso algo que nos hace felices porque sabemos que estamos ayudando.
Formar parte de la solidaridad de la isla de Tenerife es crecer como persona. Soy más feliz cuando comparto mi experiencia, mi capacidad de afrontar los problemas con personas que tienen los mismos problemas que yo, o incluso mi dolor, el físico y el emocional. Formar equipo, ayudar en todo lo que esté en mi mano y hacer cosas por los demás es una satisfacción personal increíble.
“Entré en AIDIFTE para probar, y ahora me lo paso muy bien con los chicos. Somos una gran piña todos juntos…”
Son unos campeones. Cada día, aprendes cosas nuevas, y nunca hay un día igual a otro. Yo agradezco tenerlos en mi vida, pues son especiales, cada uno con su propia magia, que te atrapa y hacen que sean parte de ti. Somos una gran familia, nada es un obstáculo…
Creo que la labor -de voluntariado- la hacen con nosotros las personas con discapacidad que deciden vivir la vida de manera proactiva y con muchas ganas, a pesar de los obstáculos…, así que agradecida yo de estar en este momento de sus vidas… GRACIAS
El ser voluntario de BOCCIA-AIDIFTE me ha hecho descubrir toda la bondad del ser humano. Todos deberíamos hacer por los demás. Me divierto mucho siempre, gracias AIDIFTE…
Me llamo Samira y soy voluntaria de la Fundación Tutelar Sonsoles Soriano desde el año 2011.
Soy voluntaria tutelar de una persona con discapacidad intelectual. A través del Voluntariado Tutelar se contribuye a generar relaciones sociales significativas para las personas que apoyamos.
Para mí, la persona a la que apoyo es una persona muy importante en mi vida, ya pertenece a mi grupo de amigos, y siempre los tengo en mis pensamientos. Además, en la fundación te tienen muy en cuenta para todo, “no me siento como una voluntaria más, me siento como parte de esta gran familia”. Otra cuestión es importante es que te forman para desempeñar tu labor con calidad.
El ser voluntaria en esta fundación es una experiencia increíble, y la única forma de entender como me siento participando en ella, es quien esté leyendo esto, dé el paso y decida, al menos, tener el primer contacto con la fundación y, siguiendo a la AEFT, desempeñar #UnVoluntariadoDeCine.
Desde AIDIFTE, nos sentimos honrados y orgullosos por haber reunido a un grupo de personas tan generosas en el esfuerzo, humildes en el trato humano, respetuosas con nuestra dedicación como entidad y, sobre todo, con el saber estar que muestran en cada acción, en cada gesto, en cada palabra, con descaro, pero con mucho respeto hacia todos en general. Son pocos, pero muy valiosos.
Sin su labor, no habría sido posible hacer realidad el sueño en el que nos envolvió el bueno de David (D. E. P.), y por el que tanto se ha luchado. Sin más que decir,
¡¡INFINITAS GRACIAS a ARANZA, BESAY, SYLVIE, ELENA, JORGE, VIRGINIA, XERACH, PABLO, DAVINIA, …!!
Recordando a mi Santa Madre Fundadora, Santa Teresa Jornet, digo como ella: “no sé cómo dar gracias a Dios”.
Les doy las gracias a todos por este premio que me han dado sin merecerlo; primero a Dios que es el que nos da todo. También al Sr. Presidente del Cabildo que se ha fijado en un miembro de las Hermanitas para agradecer nuestra labor en favor de los ancianos, solos y pobres.
Personalmente, procuro hacer realidad lo aprendido en familia, tanto religiosa como de mis padres.
¡Qué Dios se lo pague y les bendiga, y Ntra. Sra. de Candelaria nos tenga bajo su manto!
Soy Alba Torres, presidenta de la Asociación Mariposas Blancas, que surgió en el año 2010, con el fin de ayudar al "Bienestar Social". Nació de la acción solidaria que realizaba mi hermano con las personas de su entorno, y que al morir a los 39 años, yo quise dar continuidad a su labor.
Quiero destacar el trabajo de Gloria Álvarez, como voluntaria, que da continuidad a la labor social que realizaba mi hermano, y que lo hace desde el amor incondicional, y con una gran profesionalidad. Ella ha realizado muchos proyectos sociales de ayuda, charlas, encuentros, exposiciones, ferias, cursos, talleres, donaciones a hospitales, y del recurso educativo "Mareden", y relato "Volver a la vida"...
En nuestra asociación trabajamos desde una acción de voluntariado, dedicando gran parte de nuestro tiempo a ayudar. Lo damos todo a cambio de nada y recibimos reconocimiento, gratitud, testimonios de personas que nos llenan de amor: "conseguí mi objetivo", "cumplí mi sueño", "realicé el viaje de mi vida", "los imposibles son posibles", "Ahora siento la vida".
"Ayudando a los demás nos ayudarnos a nosotros mismos"
Para AFITEN, el voluntariado es uno de los pilares que mantiene activo y en pleno rendimiento el funcionamiento de la entidad. Cuando una persona voluntaria, que además en nuestro caso hay que sumarle el hecho que en la mayoría de ocasiones, son personas afectadas por fibromialgia y fatiga crónica, entra en contacto con AFITEN, aporta energía, entusiasmo y un nuevo enfoque para trabajar conjuntamente hacia un mismo fin. Estamos eternamente agradecidos/as por su cercanía y empatía con nuevas personas y familiares que entran en el mundo de la fibromialgia.
Desde aquí invitamos a todos/as a adentrarse en esta aventura que es el voluntariado, aportando granitos de arena que se convertirán en grandes montañas para cualquier entidad
Llegúe al voluntariado porque me prejubilé de la empresa para la que presté mis servicios durante más de 25 años. Como responsable de recursos humanos, debido a mi formación académica (psicólogo y diplomado en relaciones laborales) y mi experiencia profesional, me hicieron propuestas, para llevar temas de asesoría laboral. En ese momento, tenía que tomar una decisión; o bien seguir trabajando o dedicarme a hacer un voluntariado. La segunda opción, pudo más, y después de más de catorce años, realizando la labor de voluntariado, para Proyecto Hombre, como experto en habilidades sociales, quiero decir que ha sido el mejor salario emocional que he recibido.
Tomé la decisión de colaborar debido a la necesidad de compartir mi tiempo libre, de forma solidaria. Esto fue lo que me puso en acción, para dar respuesta a las necesidades del colectivo al que decidí prestar mis servicios.
Del voluntariado se espera, entre otras cosas:
Ser activo/a, para responder a la demanda, de quien nos necesiten
Coraje, para asumir la responsabilidad que se nos encomienda
Conciencia, saber y conocer, qué necesitan de nosotros.
Y lo más importante y necesario, ser empático, para poder entender la problemática de las personas con las que colaboramos.
En todos los textos, que he podido consultar, definen al voluntariado como una clase o raza, que luchamos por los valores, tales como:
La generosidad, la solidaridad, el altruismo, la sostenibilidad, la justicia, la fraternidad, la empatía, los derechos humanos, la igualdad, la libertad, la honestidad, y sobre todo la tolerancia.
Estos valores, deben ser el camino hacia el aprendizaje para el voluntariado. Por mi experiencia digo que, con el tiempo y la ilusión, se van añadiendo a nuestra forma de ser y sin darnos cuenta, se va creciendo en sensibilidad y, por tanto, como persona.
Para concluir, quiero recordar que el pasado año, tuve el honor de ser reconocido con la mención honorífica del Premio a la Solidaridad por mi contribución al voluntario insular, lo que me supuso una gran sorpresa, y un agradecimiento personal inmenso.
En el discurso de entrega, lo mencioné, y hoy creo que soy un activista del voluntariado de mayores. Si a los 72 años te conceden esta distinción, quiere decir, que el voluntariado no tiene edad, sólo tiene alma.